Cuántas veces habremos suspirado de alivio al tomarnos una sopita bien caliente en invierno, bien sea con fideos, carne de ternera, ave, o una crema bien reconfortante, con su suave textura y unos crujientes picatostes. Las mejores sopas de ajo se consiguen aprovechando el pan duro de ayer, con ese refrito de ajo y pimentón que resucita a un muerto... sólo su olor ya nos resulta curativo.
Nuestra sociedad malacostumbrada al caldo en pastilla ya no disfruta de las tradicionales sopas como antaño: caldos obtenidos de cocciones lentas y largas, sin llegar a hervir como dictan los maestros, a base de productos de máxima calidad. Álvaro quiere reivindicar desde éste, su blog, la sopa elaborada con buena materia prima, la sopa humilde y reposada sin sofisticaciones.
Este plato de cuchara está presente en todos los rincones del mundo y en cada uno se refleja su particular visión de la cocina. Ya hemos hablado de las sopas de ajo, tan españolas. En el grupo de sopas patrias también encontramos el gazpacho y el ajoblanco, tomadas como sopas frías pero sopas al fin y al cabo; y como no, la tan importante sopa de pescado.
Fuera de nuestras fronteras encontramos algunas conocidísimas como la vichyssoise, a base de puerro y patata, o la exótica udon, de origen asiático, con fideos, cilantro y huevo, por citar unos ejemplos muy populares.
Por último Álvaro nos da un pequeño consejo que cambiará nuestras sopas para siempre: una vez la sopa está servida en la mesa muy caliente, añadir un chorrito de vino tinto, el mismo vino que estamos tomando o que podríamos estar tomando. Le da un toque tan especial que probablemente se convierta en costumbre.









